Una damisela en apuros

Gdl, Jal – Esta mañana a casi diez antes de las nueve, ya estaba frente a una agencia de automóviles alemanes de lujo, ubicado frente al edificio donde trabajo. Ya empezaba a sentir la sensación de que no llegaría puntual a mi online meeting, pero aún había tiempo. Estaba batallando con el que llamo “karaoke glitch” del iPhone. Cuando súbitamente el sonido de un cable metálico rompiéndose y estrellándose en el pavimento llamo mi atención.

Dos personas en la acera observaban a la calle pero no lograba entender que pasaba. Fue entonces cuando me percaté que había una damisela en apuros y nadie la asistía. Aquella pobre mujer tenía un rostro de frustración, pero aún tomando con filosofía su situación mostrando una sonrisa, pero ya poca paciencia. 

A la altura del carril central se encontraban sus cosas ya esparcidas por toda la calle. ¿Pero cómo pudo pasar eso? La situación de que su bolso MK cayera al suelo puedo imaginarlo, pero no puedo creer que nadie le diera 5 segundos para reparar la situación, levantar sus cosas y cruzar la calle.

Estoy hablando que la damisela en apuros era una mujer atractiva, de 1.75 de estatura, apropiadamente vestida, cabello castaño claro y ojos verdes. Aún así nadie le ayudaba.

Llevabamos unos 15 minutos batallando tratando de hacer que un automóvil se detuviera. En un descuido de una persona aquel espectador que me asistía se lanzó a levantar el ya muy mal tratado bolso, con las cicatrices de la batalla ante el acero de la carrocería de las bestias de aluminio y motores de combustión interna. 

Otro espectador se unió y con un gesto imprudente pero valiente se lanzó a recoger el bolso…

Ahí lo entendí todo, incluso en su valiente intento no logro levantarlo, tuvo que esquivar a un motociclista que se le aventó como si fuera faena, segundos después un vehículo. Fue hasta su tercer intento ya a media calle que solo pudo levantar la bolsa y salir de ahí corriendo. 

El bolso MK y un costoso zapato de tacón ya estaban rescatados, faltaba la pareja del calzado, un libro, una cartera Coco Channel, dos juegos de llaves, un cargador de iPhone … Y el iPhone… Bueno eso ya no tenía salvación en dos ocaciones le pasaron por encima provocando que partes de la pantalla, componentes y microcontroladores volaran y quedarán esparcidos por toda la avenida, incluso en una ocasión varios de estos impactaron en la humanidad de los que tratábamos de destacarlo. 

Cuando estaba a punto de abandonar la misión, es decir mi paciencia se agotó y la frustración de no conseguir que nadie se detuviera… Un gentil samaritano apareció, aprovechando que sacaba su Mercedes Benz en reversa aproveche ese instante, comencé a caminar con la señal de alto (y el deseo de lanzar la Britney señal) hasta llegar al lugar de los hechos. Levante la cartera con marcas de neumático, el juego de llaves, y sin darme cuenta la chica ya levantaba a la pareja del calzado, el cargador del destruido teléfono y su libro. 

Regresando a la acera entregue los artefactos en la mano de aquella damisela en apuros, sin recibir un gracias o comentario alguno continúe mi camino. No la culpo y la entiendo perfectamente al olvidar mostrar un poco de cortesía. Presenciar durante tanto tiempo y de tantos, al menos un par de cientos de vehículos tripulados pasar encima de tus pertenencias, negarte el paso y carecer de un poco de inteligencia emocional, no te quedan ganas de expresar cortesía. Además me parece que las llaves aún estaban en calidad de desaparecidas. 

Finalmente llegue 15 minutos tarde a mi online meeting, afortunadamente por una falla técnica no tuve que conectarme y solo usar el teléfono. Pero en mi mente se ha quedado el cuestionamiento de por qué nadie se quería parar. Yo también tenía prisa, también tenía que llegar a mi trabajo pero no me costó nada dedicar tiempo, y no pasó nada al haber llegado retrasado y no tuve que explicar el motivo y nadie ha muerto por ello, la nación sigue siendo la misma y el mundo sigue dando vueltas.  

¿Qué puede estar pasando en la mente de todas estas personas? ¿Tan urgente e importante son sus destinos? ¿El futuro de la nación dependen de ellos? No lo creo. 

En realidad el culpable de todo esto fue el primer automovilista que aún viendo lo sucedido no se detuvo 5 segundos para dedicarselo a esta chica. 

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